CAPÍTULO 9: MALENA
Mientras Sai continuaba su peligroso descenso hacia lo más profundo del infierno, en la ciudad de Opus el ambiente era totalmente distinto. Se celebraba una gran boda: Maruja finalmente estaba contrayendo matrimonio con Bruno. Las hadas, habían sido las invitadas de honor y se encargaron de preparar un banquete exquisito que llenaba el aire de aromas dulces.
—¡Ojalá Sai estuviera aquí con nosotros! —dijo Lily con un tono de profunda tristeza, mirando el asiento vacío que habría ocupado su amigo.
—Yo también me pregunto cómo le estará yendo en ese lugar tan horrible —comentó Luna, mientras sostenía un gran pedazo de bizcocho.
—Dejen de preocuparse tanto —expresó Bruno con total convicción—. Ya verán que todo saldrá bien. Sai regresará sano y salvo porque es un chico bastante fuerte, más de lo que imaginamos.
—Tienes razón, él es muy fuerte —agregó Lily, forzando una sonrisa de esperanza.
—Sería maravilloso que, cuando él regrese, ustedes dos también se casen —soltó Luna de repente con picardía.
—¡¿De qué estás hablando, enana?! —exclamó Lily, poniéndose nerviosa y completamente sonrojada—. ¡Sai y yo somos solo amigos!
—¡¿A quién llamas enana?! —gritó Luna, tomando un trozo de bizcocho con sus manos pequeñas y corriendo detrás de Lily para untárselo en la cara—. ¡Ahora sí verás lo que es bueno!
Después de que pasaron los festejos de la boda, Lily se acercó a Maruja. Tenía un deseo ardiendo en su interior y le pidió que la ayudara a convertirse en una bruja poderosa. Sin embargo, Maruja le explicó con cariño que no tendría tiempo para enseñarle, ya que se iría de luna de miel con Bruno. En su lugar, le propuso algo mejor: llevarla con su antigua maestra para que recibiera la mejor instrucción posible.
Así, Maruja y Lily emprendieron un largo viaje para visitar a Malena, una de las brujas más poderosas que existían y quien había formado a Maruja años atrás.
—¿Crees que tu maestra aceptará enseñarme a mí? —preguntó Lily, emocionada, pero con algo de miedo.
—Estoy segura de que sí —respondió Maruja—. Pero te advierto desde ahora que no será nada fácil. Malena es una mujer sumamente estricta.
—¡Daré mi mejor esfuerzo! —exclamó Lily con determinación—. Mi deseo es ser tan poderosa como tú para poder ayudar a Sai y a todas las personas que lo necesiten.
Tras volar durante más de ocho horas sobre una escoba mágica, atravesando montañas y bosques, Maruja y Lily llegaron a un lago impresionante. Era un espejo de agua sereno, rodeado de árboles frondosos y flores silvestres que pintaban el paisaje con tonos vivos. El agua, cristalina y fresca, reflejaba el cielo azul salpicado de nubes blancas. Pequeños peces de colores nadaban cerca de la superficie y, de vez en cuando, una garza descendía con gracia sobre el agua, completando un cuadro de absoluta tranquilidad.
Junto a la orilla encontraron a una chica de piel morena, ojos verdes y cabello corto de color negro. Vestía un vestido rosado con pantalón rojo y botas grises. Su apariencia juvenil y amable la hacía parecer de la misma edad que Lily.
—Hola, mi nombre es Maruja y ella es Lily. Supongo que tú también estás aquí para intentar ser discípula de Malena —dijo Maruja con una sonrisa.
—Así es, mi nombre es Ana —respondió la chica, devolviendo la sonrisa con mucha dulzura.
—Hola, es un placer conocerte, Ana —dijo Lily, sintiendo una calidez inmediata ante el entusiasmo de su nueva compañera.
Maruja se volvió hacia su escoba, lista para partir hacia su propia aventura con Bruno. —Me tengo que ir ahora. Les deseo mucha suerte a ambas en lo que viene —dijo mientras montaba su escoba.
—¿No vas a entrar a ver a tu maestra? —preguntó Lily, algo sorprendida por la prisa.
—No es necesario, pero salúdala de mi parte. ¡Y también saluda a su cascarrabias mascota! —exclamó Maruja, mientras se alejaba flotando a gran velocidad.
—¡Lo haré! ¡Adiós! —gritó Lily, agitando los brazos con energía hasta que Maruja desapareció en el horizonte. Las dos jóvenes se quedaron solas frente al lago, esperando alguna señal.
—¿Hace mucho tiempo que estás aquí esperando? —preguntó Lily para romper el hielo.
—No, llegué hace apenas unos minutos —respondió Ana de forma sencilla.
Mientras conversaban, vieron algo increíble: un gato negro de ojos amarillos brillantes se acercaba a ellas caminando tranquilamente sobre la superficie del agua. Cuando llegó a la orilla, el gato se sentó y habló con una voz firme y clara: —Hola, Ana y Lily. Mi nombre es Dark, y seré su guía hacia el castillo de Malena.
—Hola... pero ¿cómo sabes nuestros nombres? —preguntó Lily, boquiabierta.
—¿Eso es lo que te sorprende? —respondió Dark con un tono burlón y arrogante—. ¿No te parece más impresionante que un gato esté hablando contigo ahora mismo?
—Lily, no le hagas caso, es obvio que es un gato mágico —susurró Ana con discreción—. Debe ser la mascota de Malena.
Dark, ignorando los susurros, habló con autoridad: —De ahora en adelante, no quiero que hablen. Solo limítense a hacer lo que yo diga.
—Está bien —contestó Lily, tratando de no perder la calma ante la actitud del animal.
—¡Síganme! —ordenó Dark, dándose la vuelta y caminando de nuevo hacia el centro del lago.
—Lily, ya entiendo por qué Maruja le dijo "cascarrabias" —susurró Ana con una sonrisa traviesa.
—¡Te escuché, Ana! —exclamó Dark sin siquiera girarse.
El gato avanzó sobre el agua y, para sorpresa de Lily, Ana comenzó a seguirlo caminando sobre la superficie como si fuera suelo firme. Lily respiró hondo y la siguió; para su asombro, sus pies no se hundían. Cuando llegaron a la mitad del lago, una puerta gigantesca se materializó de la nada ante ellas. Estaba decorada con intrincados grabados mágicos que brillaban suavemente. Al abrirse, reveló un pasaje que las condujo a la entrada de dos largos túneles de piedra pulida.
Los túneles eran impresionantes, iluminados por luces mágicas que colgaban del techo proyectando un brillo etéreo. El camino era una pista de piedra lisa, perfectamente mantenida. Dark se detuvo frente a las entradas y las miró con semblante serio.
—¡Escuchen con atención! —exclamó el gato, y su voz resonó en las paredes de piedra—. Solo una de ustedes será elegida como discípula de Malena. Eso significa que habrá una competencia. La prueba durará tres días. Cada una deberá elegir un túnel y seguirlo hasta el final.
Dark hizo una pausa para asegurarse de que entendieran la gravedad del asunto. —Cuando los túneles se encuentren al final, llegarán a una casa. La primera que llegue obtendrá la llave. Esa llave le permitirá pasar la noche dentro, donde podrá comer y beber cuanto quiera. Sin embargo, la perdedora deberá quedarse afuera, pasando frío y sin probar gota de agua o comida. Ahora, elijan su camino.
Ana no lo pensó mucho: —Yo elijo el de la derecha —dijo señalando la entrada.
—Eso me deja el de la izquierda —respondió Lily con determinación.
—Les deseo mucha suerte —sentenció Dark—. Comenzarán a la cuenta de tres...
En cuanto Dark terminó de contar hasta tres, ambas chicas salieron disparadas como flechas, adentrándose cada una en el túnel que habían elegido. El primer día de la competencia fue una prueba de resistencia pura: horas de caminar, correr y apenas unos breves momentos para descansar. Tanto Lily como Ana estaban agotadas y sentían el rugir del hambre en sus estómagos, pero ninguna se detuvo. Al caer la tarde, los dos túneles finalmente se unieron en un claro, y frente a ellas apareció la casa que Dark había descrito.
Era una cabaña encantadora, construida con madera vieja y coronada con un grueso techo de paja. A pesar de su aspecto rústico, emanaba un aire acogedor que invitaba a entrar. La puerta principal estaba adornada con intrincados tallados de flores y animales del bosque, mientras que las ventanas dejaban escapar una luz cálida y dorada que prometía confort y descanso.
Cuando Lily llegó a la puerta, Dark apareció de la nada, como si se hubiera materializado desde las sombras.
—Felicidades, Lily —dijo el gato con una sonrisa sarcástica—. Has sido la primera en llegar.
Varios minutos después, Ana apareció al final del sendero. Al ver a Lily ya instalada frente a la puerta, sus hombros cayeron al darse cuenta de que había perdido la primera jornada.
—¡Rayos! —exclamó Ana, lamentándose mientras recuperaba el aliento.
—Lily, como fuiste la ganadora, aquí tienes la llave de la casa; puedes entrar —anunció Dark, observándola con fijeza—. Pero dime, ¿tienes la intención de invitar a Ana a pasar?
—¡Claro que quiero que entre! —respondió Lily sin dudarlo un segundo, mostrando una dulce sonrisa mientras extendía la mano para recibir la llave. Dark levantó una ceja, visiblemente sorprendido por la nobleza de la chica.
—¿Eres consciente de lo que haces? —advirtió Dark con seriedad—. Si la dejas entrar, ella podrá comer, beber y descansar tan bien como tú. Eso significa que mañana tendrá las mismas fuerzas que tú y podría ganarte.
—Lo sé —respondió Lily con calma—, pero no sería justo dejarla dormir aquí afuera. Ella también está hambrienta y muy cansada. No podría descansar tranquila sabiendo que ella sufre.
—Está bien, entonces pueden entrar —sentenció el gato—. Al amanecer continuaremos con la competencia. Dicho esto, Dark desapareció en el aire. Lily compartió su victoria con Ana, permitiéndole entrar a la acogedora cabaña. Al cruzar el umbral, ambas quedaron maravilladas: en el centro había una mesa enorme repleta de todo tipo de manjares, frutas frescas y bebidas revitalizantes. En una esquina, dos camas cómodas y perfectamente preparadas las esperaban.
Comieron hasta saciarse, disfrutaron de un baño caliente que les devolvió las energías y finalmente se entregaron al sueño. La noche fue tranquila y reparadora para ambas.
A la mañana siguiente, el aroma de un delicioso desayuno recién preparado las despertó. Mientras disfrutaban de la comida, Ana rompió el silencio con una pregunta que le rondaba la cabeza: —Lily, ¿por qué quieres convertirte en bruja? Lily dejó su taza de té con suavidad y respondió con firmeza: —Quiero ser poderosa para ayudar a un gran amigo y a todas las personas que tengan problemas y no puedan defenderse.
Ana sonrió de una forma extraña, pues su motivación era muy distinta: —Yo, en cambio, quiero vivir en un gran castillo y ser famosa. Quiero que todos me reconozcan.
La conversación se cortó en seco cuando Dark apareció de nuevo. —Buenos días, chicas. Espero que hayan descansado. ¿Están listas para la segunda jornada?
—¡Sí, estamos listas! —respondió Lily con entusiasmo.
—Por supuesto —añadió Ana con una mirada cargada de determinación.
Con un simple movimiento de su pata, Dark hizo que la cabaña desapareciera en un parpadeo, dejando a la vista de nuevo los túneles que se extendían hacia el horizonte. —¡Adelante! —exclamó el gato, dando inicio al segundo día.
Sin perder tiempo, retomaron sus caminos. Tras un día entero de esfuerzo físico agotador, Lily llegó al final del túnel con la esperanza de volver a ganar. Sin embargo, su corazón se hundió al ver que Ana ya estaba allí, esperando junto a la puerta de la cabaña.
—Ana, has sido la primera esta vez. La llave es tuya —anunció Dark, entregándole el objeto de metal—. Puedes entrar. Ahora dime, ¿quieres invitar a Lily a pasar la noche contigo?
Ana tomó la llave con una sonrisa fría y, sin mirar a Lily, negó con la cabeza de forma tajante. —No. No quiero que entre —dijo con un tono gélido.
Lily abrió los ojos de par en par, sintiendo un nudo amargo en el estómago. —¿Qué? —exclamó, sin poder creer lo que oía. Incluso Dark arqueó una ceja, mirando a Ana con curiosidad.
—¿Estás segura? Recuerda que ayer ella te abrió la puerta cuando tú perdiste.
—Lo sé —respondió Ana sin una pizca de remordimiento—, pero mañana es el último día y es el más importante. No puedo arriesgar mi victoria permitiendo que mi rival descanse.
Lily, herida por la traición, preguntó con la voz temblorosa: —¿Pero ¿qué dices? ¡Creí que éramos amigas! Ana la miró por fin, pero sus ojos no mostraban ninguna calidez.
—Lo éramos, pero en el momento en que esto se convirtió en una competencia por un solo puesto, dejamos de serlo. Aquí solo importa quién gana.
Dark, observando la escena con su habitual indiferencia, hizo una breve reverencia. —Volveré mañana para concluir la prueba. Que pasen una noche... interesante —dijo antes de desvanecerse.
Ana entró en la casa y cerró la puerta con llave, dejando a Lily afuera, en la oscuridad, hambrienta y tiritando de frío. Lily se sentía profundamente decepcionada; no lograba comprender cómo alguien podía cambiar tanto por un poco de poder. Se sentó junto a la puerta, abrazando sus rodillas para intentar calentarse.
De repente, la puerta se abrió apenas un centímetro y Ana asomó la cabeza. Sin decir una sola palabra, le lanzó un pedazo de pan endurecido al suelo, como si estuviera alimentando a un perro callejero, y volvió a cerrar la puerta con fuerza. Dominada por la necesidad, Lily recogió el pan y se lo comió en silencio, mientras sus lágrimas se mezclaban con la amargura de la traición. Exhausta y con el corazón roto, se quedó dormida en el suelo duro, junto a la puerta cerrada.
Cuando los primeros rayos del sol iluminaron el horizonte, Dark apareció en un destello de luz plateada. Encontró a Lily durmiendo en el suelo duro, temblando ligeramente por el frío de la noche.
—Despierta, Lily —dijo el gato con una suavidad inusual en él. Lily abrió los ojos lentamente y se frotó la cara, tratando de recuperar fuerzas tras la terrible noche que había pasado. En ese momento, Dark llamó a la puerta de la cabaña y Ana salió de ella. Lucía radiante, descansada y con una sonrisa de satisfacción que contrastaba con el aspecto demacrado de Lily.
—Hoy es el último día de la competencia —anunció Dark con voz solemne—. Al final de estos túneles encontrarán el castillo de Malena. Frente a la puerta principal verán dos copas: una con un líquido azul y otra con un líquido negro. La primera en llegar tendrá el derecho de elegir cuál beber. Escuchen bien: una de las copas contiene un veneno mortal que traerá la muerte inmediata; la otra otorga el honor de convertirse en la discípula de Malena. ¡Les deseo suerte!
Dark movió su pata y la casa desapareció en un instante. Sin perder un segundo, ambas chicas salieron corriendo. Ana, que había descansado y desayunado, iba a una velocidad increíble. Lily, por el contrario, corría con dificultad; el hambre y el agotamiento hacían que sus pasos fueran lentos y pesados.
Como era de esperarse, Ana llegó primero. Encontró a Dark esperando frente a la entrada de un castillo majestuoso. A su derecha estaba la copa azul y a su izquierda la negra. Un par de horas más tarde, Lily apareció tambaleándose, con la respiración entrecortada.
—Hasta que por fin llegas. ¿Acaso pensabas que te íbamos a esperar todo el día? —se burló Ana con desprecio.
—Tranquila, Ana —intervino Dark con firmeza—. Recuerda que ella no tuvo los privilegios de los que tú disfrutaste anoche.
—Lo siento, Dark... hice lo mejor que pude —susurró Lily, con la voz apenas audible por el cansancio.
—Lo sé —respondió el gato—. Muy bien, aquí están las copas. Como dije, una es veneno y la otra es magia pura. Ana, por haber llegado primero, eliges tú. ¿Cuál prefieres?
—Elijo la del líquido azul —respondió Ana con total seguridad.
—¿Estás completamente segura? —preguntó Dark, observándola fijamente.
—Sí, lo estoy —confirmó ella sin titubear.
—Entonces, Lily, la copa del líquido negro es la tuya —sentenció Dark—. Ana, puedes beber.
Ana tomó la copa azul y bebió el contenido de un solo trago. Apenas el líquido tocó su garganta, sus ojos se abrieron de par en par por el horror y su cuerpo se desplomó sin vida sobre el suelo de piedra.
—Eres la ganadora, Lily —anunció Dark con frialdad—. Solo tienes que beber el líquido negro de tu copa y te convertirás oficialmente en la discípula de Malena.
Lily, en lugar de celebrar, cayó de rodillas junto al cuerpo de Ana, horrorizada. —¡No! ¡Yo no quería ganar de esta manera! ¡Dark, tienes que ayudarla, por favor! —gritó Lily, sosteniendo la cabeza de Ana entre sus manos mientras lloraba.
—La única manera de salvarla es usar lo que hay en tu copa —explicó Dark—. Si derramas el líquido negro sobre ella, volverá a la vida. Pero eso significa que ella será la discípula de Malena y tú tendrás que regresar a tu casa sin haber aprendido nada.
—¡Lo haré! ¡No me importa la magia! —decidió Lily sin dudar ni un segundo.
—¿Estás segura? —insistió Dark—. Después de lo mal que te trató, ¿vas a sacrificarte por ella?
—Eso no importa ahora. No podría vivir conmigo misma sabiendo que pude salvarla y no lo hice —respondió Lily con determinación.
—Ella no habría hecho lo mismo por ti —advirtió el gato.
—Me gustaría pensar que sí lo habría hecho —respondió Lily con esperanza.
Lily derramó el líquido negro sobre el cuerpo de Ana. Al instante, un brillo dorado envolvió a la chica y su pecho comenzó a subir y bajar: volvía a respirar.
—Despertará en una hora —informó Dark.
—Qué bueno, me alegra tanto que esté bien —dijo Lily, sintiendo un alivio inmenso a pesar de haber perdido su oportunidad.
Dark la miró con una chispa de respeto en sus ojos amarillos. —Tienes un gran corazón, Lily. Debido a eso, te permitiré conocer a Malena antes de que te marches.
—¿De verdad? ¡Eso sería maravilloso! —exclamó ella emocionada.
—Puedes entrar al castillo —indicó el gato.
—Muchas gracias, Dark, de verdad eres un gato muy bue...
—Entra antes de que me arrepienta —la interrumpió él, ocultando su emoción.
Lily cruzó la gran puerta, que se cerró pesadamente tras ella. El interior del castillo era impresionante, lleno de diamantes, muebles antiguos y lujos que deslumbraban la vista. Al fondo, sobre un gran trono, estaba sentada la misma chica que acababa de salvar: Ana.
—¡No puede ser! ¡¿Tú eres Malena?! —preguntó Lily, retrocediendo por la sorpresa.
—Así es, Lily. Perdóname por haberte tratado tan mal —respondió Malena con una voz dulce y sabia—. Pero necesitaba probarte para saber si realmente tenías un buen corazón.
—¿Quieres decir que todo esto, la competencia y la traición, fue una prueba?
—Exactamente. Muchas personas vienen buscando poder para su propio beneficio o para hacer el mal. Por eso deben ser probadas. Solo aquellos dispuestos a renunciar a la magia por el bien de los demás son dignos de poseerla. En más de cien años, solo dos personas además de ti lo lograron: Maruja y un mago llamado Fling.
—¡Increíble! —exclamó Lily—. ¿Y dónde está ese mago Fling ahora?
La expresión de Malena se volvió severa. —Fling empezó a experimentar con magia prohibida tras obtener sus poderes. Una noche invocó una magia negra muy extraña y jamás volvimos a verlo. Creemos que esa oscuridad lo arrastró al infierno. Por eso, te lo advierto: nunca juegues con magia prohibida.
Lily asintió con un escalofrío. Luego preguntó con curiosidad: —¿Y qué habría pasado si yo hubiera bebido de mi copa?
—Habrías caído en un sueño profundo y despertarías en tu casa sin recordar nada de este lugar —explicó Malena con calma. Luego, se puso de pie—. Antes de darte la bienvenida, hay dos reglas que debes aceptar. La primera: seguirás mis instrucciones sin cuestionarlas. La segunda: el entrenamiento dura dos años completos y no puedes abandonarlo.
—¡¿Dos años?! —Lily se angustió al instante—. Pero... yo quería ayudar a mi amigo Sai... él está en peligro ahora mismo.
—Lo comprendo, pero es la condición más importante —dijo Malena señalando una vela gigantesca que estaba en un rincón—. Una vez que la enciendas, no podrá apagarse durante dos años. Si te vas antes de ese tiempo, tus poderes dejarán de funcionar para siempre. Debes decidir ahora.
Lily guardó silencio y reflexionó. Recordó a Sai enfrentándose a los peligros del infierno y se dio cuenta de que, si iba ahora a buscarlo sin saber defenderse, solo sería una carga. Para ayudarlo de verdad, necesitaba ser fuerte.
—Hay personas a las que amo y quiero proteger —dijo Lily con una voz llena de determinación—. No importa el tiempo que me tome ni lo difícil que sea; me convertiré en una bruja poderosa para estar lista cuando él regrese. ¡Acepto ser tu discípula!